Desirée era un claro ejemplo de la belleza del mestizaje. Hija de una guapa cordobesa de piel aceitunada de cabello oscuro y de un coreano de rasgos simétricos y de intensa mirada. Y la pequeña Desi no solo era guapa por fuera. Por dentro brillaba con luz propia. Desde pequeñita había sido muy alegre, imaginativa, inquieta, deseosa y creativa. Era ese tipo de niñas que pueden crear un mundo mágico a su alrededor solo con su imaginación.
Lamentablemente esos mundos siempre eran destruidos por su padre. El señor Lu Xion era todo lo contrario a ella. Ni siquiera compartía el desparpajo y la alegría su madre. Nadie podía entender cómo una mujer como Rocío podía haberse dejado cautivar por alguien tan eficiente, seco y recto. Su vida pasada en Corea era un misterio, pero dejaba entrever una dura infancia, cuando ni siquiera dejaba que su propia hija le llamara papá. Era "señor" o como mucho "señor padre" cuando estaba de buen humor.
Rocío no parecía ver el daño que hacía su marido en aquella pequeña y brillante personita. No se daba cuenta. Ni ella ni nadie.
Ni quiera cuando le preguntaban a la niña: ¿Cómo te llamas?
Y ella respondía con lágrimas amenazando desbordar sus ojos: Desi Lu Xion.

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