Quiero dejar claro que no soy ningĂșn sabio. Ni si quiera me acerco a maestrillo. Sigo siendo un aprendiz de todo. El caso es que me he dado cuenta de que tenĂ­a que rectificar el camino que habĂ­a empezado tras mi vuelta. No podĂ­a ir por ahĂ­. No era sano.

He borrado las dos Ășltimas entradas que publiquĂ©. No por lo que decĂ­a en ellas, si no por lo que iba a decir en todas las que tenĂ­a pensadas publicar despuĂ©s. No sĂ© por quĂ© se me ocurriĂł hacer relatos inspirĂĄndome en mis problemas mĂ©dicos y mentales. Todo lo que tenĂ­a escrito iba encaminado a una especie de autodestrucciĂłn pĂșblica. 

No, ese no es el camino. Dije en Instagram y en mi anterior entrada que había vuelto a escribir para mi. Y eso no es lo que estaba haciendo. Estaba intentando explicar quién era yo a través de mis taras y enfermedades. Y eso no es lo que quiero. Para nada.

Tengo que asumir que ya no soy el mismo. Olvidar lo que fue el blog antaño. Y aunque sí que existen los blogueros que no han tirado la toalla yo lo hice aunque no lo quiera reconocer. Mi tiempo y mis motivos ya no son los de antes y he de centrarme en las pequeñas cosas y en mis pequeños momentos.

Lo curioso es que dije esto mismo o algo muy parecido hace unos años, pero no debía ser muy consciente de ello en realidad. Estå visto que no aprendo. A ver si ahora sí me entero de una vez.

SĂ­, estoy escribiendo para mi en privado. Los domingos por la tarde (y no todos) tengo un ratito para ponerme con Perigeo Magenta. A la vista del mundo sĂ© que es ridĂ­culo seguir con esa saga. Si el volumen de lectores se fue haciendo cada vez mĂĄs pequeño con los tres primeros volĂșmenes (los lectores de Perigeo Negro los puedo contar con los dedos de una mano) esperar que alguien lea un cuarto volumen es absurdo. Pero ahora mismo me da igual. Estoy haciendo lo que quiero hacer y eso es lo importante: Escribir para mi sin esperar nada mĂĄs.