Llevo una temporada que ni leo, ni escribo ni nada. Es el signo de los tiempos. Lo único que hago es seguir mi plan de promoción para Perigeo Negro (que estaba preparado desde hace tiempo), y según lo que estoy viendo el resultado es el mismo que en otras ocasiones que publico algo: Una mierda.
De lo que sí que me he dado cuenta es que siempre pasa algo en mi vida que me impide centrarme en esto de escribir y publicar. Desde enero, desde que nos dieron el diagnóstico de la enfermedad de mi mujer he dejado de ser yo para volver a ser cuidador a tiempo completo. Que conste que no me quejo, solo constato un hecho. Y es curioso porque desde 2018, cuando empezó toda esta serie de catastróficas desdichas. es el papel que he estado interpretando.
Lo que está claro es que no se pueden hacer planes. La vida no se puede programar y lo que hay que hacer es vivirla según van llegando las cosas. Hace un año habíamos pensado en este 2024 de una manera. Ahora lo miramos de otra y ya ni siquiera me planteo qué vamos a hacer de aquí a un mes. Todo está yendo tan rápido que da miedo.
No sé que será de nuestras vidas en las próximas semanas, así que imagínate en los próximos meses... Lo que más me duele es ver a mi hijo pasarlo mal por todo lo que está ocurriendo. Es un niño y no se merece madurar antes de tiempo de esta forma tan brutal.
Más de uno dice que nos han echado mal de ojo. Yo no creo en esas cosas. Pero sí que estadísticamente me parecen demasiados infortunios para una sola familia. Yo sigo aguantando lo que puedo, pero todo tiene un límite.

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