Lo primero de todo. Feliz año.

 Aunque esta navidades están siendo las que tienen menos espíritu navideño para mí. Un poco por todo. No voy a entrar en detalles, que no quiero amargar las fiestas a nadie.

 El caso es que literariamente hablando me he dado cuenta de una cosa: Estoy perdido en mi mundo. Pero en mi Mundo Perigeo. Tras terminar de escribir Al principio todo era oscuridad me embarqué en una nueva novela. Una historia que quería alejar más de mis relatos oníricos para estar más cerca de las historias terrenales. Pero no conseguía avanzar. Mis pensamientos se iban una y otra vez al tercer volumen de mi trilogía inacabada. Necesitaba terminar antes Perigeo Negro para cerrar un ciclo de mi vida. Sin embargo para ello tenía que volver a crear mi Excel perdido donde tenía todas mis notas. Y eso, a su vez, implicaba releerme Perigeo Azul y Perigeo Rojo.


 Llevo un mes embarcado en ello. E inevitablemente estoy reescribiendo muchas cosas de las dos novelas. No puedo evitarlo. En especial del segundo volumen, donde hay cantidad de errores de continuidad y unos cuantos sin sentidos. Eso me ha llevado a tejer un nuevo entramado entre las tres novelas. Una locura en la que las tres historias están entrelazadas en el espacio y en el tiempo. Y eso que la tercera aún no está escrita ¿o sí?

 Mientras estoy leyendo, reescribiendo, tomando notas, corriendo, ampliando y voy avanzando...me doy cuenta de que Al principio todo era oscuridad rezuma por todos sus poros un perigeo negro. La novela tal y como es ahora es perfecta como historia independiente. Pero también es lo que es y pide que "repare" el daño que he hecho.

 Dicen que año nuevo, vida nueva. Pero tengo una gran carga a mis espaldas. No sé cómo voy a gestionar todo esto. Supongo que haré caso una vez más a Stephen King.

“Escribe para ti, no te preocupes por el público. Cuando escribes, están contándote una historia. Cuando escribes con otro objetivo, lo que comenzó siendo para ti, termina por apagarse”