En los últimos años he aprendido mucho sobre demonios. En especial cuando estaba documentándome para mi novela Perigeo Rojo. El caso es que descubrí que los había de muchos tipos y que yo mismo podía ser uno de ellos. Pero no uno de esos con cuernos tal y como aparezco caracterizado en esta foto. Esto solo lo he hecho para promocionar la publicación de Teodoro sobre este libro.

 Como decía puedo ser un demonio, pero no como te lo estás imaginando. No soy malo, ni hago fechorías, ni torturo a nadie con un tridente y las llamas del Infierno.

 No. Lo mío es traer mala suerte. Sí, como lo oyes.


 Me he dado cuenta de que todas las personas que me rodean acaban sufriendo. E incluso fallecen. Parece que estoy especializado es traer enfermedades y dolor. Pero no debo ser un demonio muy bueno, (o quizá sea realmente malo y eso es bueno para ser un demonio) porque todo le pasa a la gente que quiero y mi alma se desgarra más día a día. Y no hay mayor castigo que ese. Podría ser un demonio vengativo como Arioch pero debo ser de una categoría inferior y lo único que hago es hacer que todo lo que amo acabe destruyéndose.

Vaya, que positividad la mía para esta entrada. Pero si conocieseis mi historia seguramente me daríais la razón. Quizá no deba dejar que nadie más se acerque a mi. Quizá debería marcharme. Quizá debería ser yo el que tuviera que desaparecer. Solo por si las moscas... No quiero seguir viendo como sufren mi familia y mis amigos a mi alrededor por mi culpa, por mi gran culpa, por mi mala suerte...