Uun viernes a las nueve de la mañana nací en el ascensor del hospital. Hoy hace cincuenta años. Nunca me ha gustado celebrar mi cumpleaños. Ni que la gente supiera que los cumplía. Supongo que esa actitud tan extraña y negativa al respecto proviene del día que preparamos una fiesta en mi casa, cuando tenía seis o siete años, y no se presentó nadie a la celebración. Solo un amigo de mi hermano, que no venía precisamente a verme a mi ni nada parecido. Efectivamente yo no era un niño muy popular.
Desde aquel momento dejé de celebrarlo. Ese día mi madre hacía un bizcocho y le ponía unas velas- Nos lo comíamos para merendar con un cola cao. Solo estábamos mis padres, mi hermano y yo. Así no tendría que sufrir una nueva decepción. De esta manera he intentado pasar desapercibido hasta hoy.
Pero como os decía hoy cumplo 50 putos años. Y estoy decidido a tener la crisis que no tuve al cumplir los cuarenta. Porque tengo todo el derecho. Porque soy un amo de casa en paro (aunque lo de ser amo de casa es ya un trabajo) que escribe novelas que nadie lee, y que además tiene un montón de taras físicas, mentales y emocionales.
Es lo que hay.

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