En teoría estoy aquí más bien para hablar de mis libros y de mis cosas. Pero me encuentro en un punto en el que procrastinar se ha convertido en la manera de no enfrentarme a la página en blanco. Tengo muchas historias empezadas, novelas que sé que debo terminar porque creo en ellas. Sin embargo tengo que reconocer que no me apetece. 

 Estoy cansado y sinceramente ahora no merece la pena el esfuerzo. Tengo muchos frentes abiertos en mi vida real y lo único que quiero es no pensar. Para solucionar esto normalmente suelo divagar. Muchas veces de esa manera consigo llegar a algo concreto por muy contradictorio que puede parecer.

Estos últimos días estoy consiguiendo rascar algo de tiempo para mí. ¿Podría estar dedicando esta hora u hora y media a escribir mi siguiente novela? Sí, pero mi cerebro no está siempre dispuesto. Y menos ahora. Es una sensación de vacío general. No sé como explicarlo.

Este dibujo ya tiene unos años, pero es el mejor retrato que me han hecho en mi vida y es lo que me hace levantarme cada mañana. Creo que por lo menos hay algo que no estoy haciendo mal. Por mi hijo lo doy todo.

 

El caso es que mientras procrastino me he dado cuenta de que estoy alejando unas facetas mías de otras. Hice privada mi cuenta de Instagram y allí ya no hablo de mis libros. Aunque sí que es cierto que la semana pasada subí unas historias con todos ellos y sus enlaces. Pero no dije nada. Simplemente un texto que decía "saber más". Sabía que nadie sigue esos enlaces. No obstante quería dejar un camino para el que quiera llegar hasta ellos. Personalmente ya no volveré a decir nada sobre literatura propia o ajena. Por lo menos de momento. Recordar que ya no soy escritor. Soy cuidador. Soy padre. Mi tiempo ya pasó.

Quizá sea el momento de volver a hacer las cosas sin esperar una consecuencia inmediata. Dejar que las cosas lleguen cuando tengan que llegar si es que llegan. No hay una meta. Tengo que volver a disfrutar del viaje aunque no sepa dónde me lleva.