Puedo decir muchas cosas sobre mi, pero eso no va a definir quién o qué soy. Nos definen nuestras acciones, no nuestras palabras. Y no soy el primero que dice esto. Ya lo habréis oído o leído en muchos otros sitios.
Actualmente y tras las decisiones que he ido tomando en mi vida, mis acciones me definen como padre, amo de casa, marido, cocinero, hijo y escritor. No soy experto en ninguna de esas facetas y casi podría decir que voy tirando como puedo con ellas.
Como siempre, imagino que os importa un bledo lo que sea o deje de ser. Pero a mi sí. Y lo cuento aquí porque me da la gana y me apetece. Porque me sirve de válvula de escape. Y lógicamente, aquí en mi blog, quería hablar de esa acción que me define como escritor.
Efectivamente soy escritor. Lo dice la RAE:
escritor, ra: Del lat. scriptor, -ōris. 1. m. y f. Persona que escribe. 2. m. y f. Autor de obras escritas o impresas. 3. m. y f. Persona que escribe al dictado. 4. m. y f. desus. Persona que tiene el cargo de redactar la correspondencia de alguien.
Pero hay que ser realista. Y se puede ser escritor de muchas maneras: bueno, malo, mediocre, de éxito, fracasado, frustrado, del montón, mindundi, famoso, desconocido... y así podría seguir unas cuantas líneas más.
Las etiquetas las ponéis vosotros los lectores yo no soy quién para ponerme ninguna. Pero viendo mi trayectoria sé que etiquetas me podríais poner fácilmente.
El caso es que ahora solo quiero verme como escritor sin más. Como lo hace mi hijo desde su inocencia infantil. Porque decir que soy un desempleado que se ha embarcado en una novela que va a definir su destino resulta una carga muy pesada y eso conlleva mucha presión emocional.
Según lo que había planeado el primer borrador de la novela tendría que estar listo ya. Pero aún me falta bastante para acabar. ¿Y eso por qué? No voy a poner excusas. Porque quiero que sea perfecta y sé que está muy lejos de serlo. Y cada página que escribo es como un jersey con puntos sueltos de los que voy tirando para volver a tejer otra cosa.
Es agotador y al mismo tiempo satisfactorio. Es lo que tiene disfrutar de la escritura creativa, que te vuelve loco hasta que no pones el punto final. Ahora mismo estoy en ese punto en el que pienso que todo lo que he escrito es una mierda. Estoy en ese punto en el que la historia tiene que ir más allá. Pero ¿Sabéis qué? Estoy bloqueado. La estructura que había construido no sostiene el edificio que había diseñado.
Mis ojos no hacen más que mirar dos de esas etiquetas de escritor que no quiero ser. Y me asusta. Porque sé que solo tengo esta oportunidad y tengo que aprovecharla.

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