Teodoro existe, aunque sea en mi imaginación. Teodoro representa la idea del lector anónimo que hace visible la necesidad de la lectura en nuestro tiempo. Porque leer no es sexy, es importante. 

Teodoro ahora es protagonista de su propia novela junto a su familia. Y como el mundo de la literatura es mágico lo hace en dos versiones: Siluetista, una novela independiente y autoconclusiva y en Perigeo Negro, tercer volumen de la saga de novelas de Mundo Perigeo. Él se merece eso y mucho más.

Teodoro nació hace allá por el 2020, justo en el momento en el que me di cuenta de que se acababan de ir a la mierda meses y meses, cientos de horas de trabajo... Trabajo que no había forma de recuperar. Estaba en plena redacción de otra de mis novelas y por intentar "hacer las cosas bien" borré todo sin querer

Teodoro a la izquierda, Eduardo a la derecha

 Se me quedó una cara de imbécil que no os podéis imaginar.  Aunque era la misma que adoptó Teodoro al nacer en ese mismo instante, evitando así que me diera una crisis de ansiedad o algo peor. Llegó con sus redondas y gruesas gafas de culo de vaso y su gorro amarillo de lana. Desde entonces ha pasado por distintas facetas y varias crisis, pero él siempre ha sido el mismo.

 Hace unos días, publicó una reflexión de fin de año en la que hablaba de algo que ya había planteado yo hace tiempo con el tema de la IA. Es inevitable. Al fin y al cabo somos la misma persona aunque a veces nos contradigamos. El caso es que ambos seguimos evolucionando. Y en cierto modo puede que ya seamos una trinidad. Eso es lo que va a hacer que algunas cosas cambien, cosas que lógicamente nadie notará. Es lo que tiene que no me lean en ninguna de mis vertientes. Pero eso da igual. La cuestión es que cada día me sienta mejor conmigo mismo y con lo que hago.

  Podréis encontrar a Teodoro en  su página web Leyendo con Teodoro, aunque también tiene cuenta de Instagram y su biblioteca en Goodreads. Y me ha dicho que como yo, como autor, no tengo ya cuenta de Instagram me ha dejado un hueco en sus historias. No se puede ser más majo.