Está visto que no es posible recuperar un ritmo normal de vida. Hace mucho que no lo tengo y no me queda otra que doblegarme a la situación actual. Decía en una entrada anterior que no sé quien soy o lo que soy. Ahora mismo no tengo opción: soy padre, amo de casa, cocinero, profesor y un niño con el que pueda jugar mi hijo en su ya más de un mes encerrado en casa.

No voy a pretender ser nada más ni hacer nada que llegue a frustrarme. Si no puedo escribir no lo haré, si no puedo hacer otra cosa que no sea pasar el día como se pueda. Pues ya está. Porque en mis escasas dos o tres horas del día que tengo para mi (sin robarme horas de sueño como he estado haciendo ahora) solo me quedan fuerzas para sentarme en el sofá junto a mi mujer para ver algo insustancial juntos en la tele o en soledad para descansar.

Imagen de Hannah Xu