No puede pensar.

No puede respirar.

No puede hacer nada sin echarse a temblar de lo consumido que está.

Y no puede. No. No quiere desaparecer en el olvido. Pero...¿Cómo iban a olvidarle si nadie jamás se había acordado de él?

Quizá no sea hoy o mañana. Quizá no sea la semana que viene. Quizá no haya una fecha para volver. Pero...¿Volver de dónde si nunca se fue? No. Siempre estuvo ahí cargando el peso de los demás para alzarles más alto bajo las suelas de sus zapatos.

Él no lo sabe, pero tiene el poder de la invisibilidad. Tiene la fuerza motora que impulsa el mundo. Y no solo puede y no solo quizá, sino que debe sentirse orgulloso de...

¡Ja-ja-ja me parto! ¡Espera! No termines esa frase ¿Orgulloso de qué? ¿De que nadie le vea? ¿De que le utilicen y pasen por encima de él para conseguir lo que quieren?

Deja que se vaya, que se dé cuenta de lo que hacen con él. Y que cuando no le tengan bajo sus pies para llegar más alto le echen de menos y sepan que estuvo allí. Que siempre estuvo allí. Le echarán de menos. Aunque no recordarán quien era.

Y con el tiempo él volverá. No importa ni cuándo ni cómo. Pero no regresará para vengarse ni dejarse pisotear otra vez, sino para hacer las cosas que quiso hacer siempre. Ni más alto ni más bajo. Siempre y simplemente a su manera.

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