Aquí no hay nada... sólo una sensación de vacío. Como otras tantas veces. Un espacio tan lleno de cosas huecas que hace rugir de hambre sin que puedas llevarte cucharada a la boca. Es imposible ingerir comida alguna. Todo se queda atascado, atragantado... Es tan difícil alimentar el alma...
Aquí no hay nada... y en poco tiempo no habrá nadie. Eso no es nuevo. Pero sí que yo, la nada que lo devora todo, me invagine sobre mí misma para deglutirme y acabar con todo. Es irónico ocupar tanto espacio y al mismo no ocupar nada en absoluto.
Mejor no sigáis leyendo porque aquí no pone nada que pueda alimentar vuestras almas. La mía ya está vacía y querrá devorar las vuestras.
“—¿Tiene que ser
así? ¿Tengo que perderlo todo?
—Nada se pierde
—dijo ella—. Todo se transforma.”

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