Viendo las cosas de otra manera


Qué extraño puede ser todo cuando lo miras con unos ojos que no son los tuyos.

Me decían que no me daba cuenta, que me estaban engañando. Que me dejaba manipular. Pero yo no quería creerlos. Sabía que las pruebas que me ofrecían eran más que suficiente, que no se necesitaba nada más para saber que era cierto que me mentían y se reían de mi. Pero yo no quería ver.

Así una mañana fría me levanté con otro ánimo, desayuné y al terminar miré la cucharilla del café pensativo. 
La llevé a la cuenca de mi ojo izquierdo la introduje bajo el párpado y me lo saqué haciendo palanca con un simple gesto. El dolor no importaba, tenía que ver. La llevé al ojo derecho e hice lo mismo.

Qué extraño es cuando tus ojos ven las cosas desde la mesa junto al café. Es una nueva perspectiva, pero seguían siendo mis ojos. Los cogí en la mano me puse las gafas de sol y salí a la calle. Giré la mano a un lado y a otro tenía que orientarme hasta dar con una solución. Un taxi.

Al llegar a la oficina me dirigí al despacho de mi jefe, su secretaria me miró asustada. Sí, llevaba las gafas puestas pero eran lágrimas de sangre las que corrían por mis mejillas. No esperé, entré al despacho saqué la cucharilla de café que me había guardado en el bolsillo y fui a por mi jefe como había planeado.

Qué extraño puede ser todo cuando lo miras con unos ojos que no son los tuyos.


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