—Cuidado, no pises en los bordes son muy finos y te puedes caer.
—Ah, perdón no me había dado cuenta, es que todo esto es tan increíble...
—No pidas perdón. A todos nos pasa lo mismo al principio —me dijo sonriendo amablemente.
—Guau...es que desde aquí hay unas vistas increíbles...Jamás pensé que podría ver algo así... —me quedé embobada mirando a mi alrededor, correteando de un lado a otro mientras elevaba volutas a mi paso. Me sentía como una niña allí arriba.
—No corras, te vas a caer...
—¡No, no, no, tendré cuidado de verdad! —Pero no dejaba mis pies quietos un segundo y seguía con la sonrisa colgada de oreja a oreja.
Las vistas desde aquella nube eran maravillosas, por un lado unos preciosos paisajes nevados que se perdían en las cumbres más altas y lejanas, por el otro un sol radiante que se reflejaba en un lago azul coloreado a su vez de tonalidades verdes por las copas de los árboles del frondoso bosque que los rodeaba. Todo era tan mágico... como en un círculo de seres místicos que de repente me hubiesen invocado para enseñarme lo que me estaba perdiendo.
Volví la vista a mi acompañante para compartir mi alegría y mis descubrimientos con él. Hasta ese momento no había reparado en sus alas. Me miró y sonrió tranquilizador.
—Eres un ángel —confirmé sorprendida.
—Sí, por eso yo no puedo caerme de la nube, pero recuerda que tú sí puedes. Has llegado hasta aquí, sí, pero lo has hecho sin alas. Te he visto llegar y quería avisarte. Así que recuerda que te puedes caer. —Tendré cuidado, en serio —le dije sonriente volviendo a asomarme peligrosamente al borde de nuevo.
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| Imagen obtenida de Internet |

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