Hoy esperaba tener unos agradables sueños, levantarme y tener un inspirador día lluvioso con olor a tierra mojada. Pero no ha sido así.
He tenido un terrible sueño, uno de esos tan reales que llegas casi a creértelo mientras estás en el filo, ese increíble y maldito al mismo tiempo punto entre la vigilia y el sueño. Y esta mañana al despertar aún con esa dolorosa sensación en mis entrañas me encuentro con un brillante y soleado día.
Nada es como uno espera, pero da igual, porque llueve en mi corazón. Pero no trae dolor ni tristeza, solo es esa lluvia a veces tan necesaria para alimentar los ríos de sangre que corren por mis venas. Y es entonces cuando veo a esos que no se comprometen por nada, que no viven ni mueren por nadie...y aunque se creen felices miro sus ojos y veo el dolor.
Entonces mis dedos recorren los grabados de mi armadura, esos símbolos que me recuerdan mis valores y mis metas. Y en ese momento tengo la explicación de por qué yo soy yo y no otra persona.
Y puede que pierda un segundo, no importa, que se me pase un minuto, una hora...y siga pensando y luchado, y se me pase un día y permanezca así toda mi vida... enfundado en mi oxidada armadura sin llegar a nada. Pero sé que estoy en el camino, el camino que yo he escogido con mi canoa de madera. Y estoy orgulloso de ello. Y solo llueve en mi corazón para llenarlo de esa lluvia tan necesaria.
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| Imagen de Eduardo Fanegas |

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