Esta noche en el cielo despejado las estrellas me guiñaban el ojo. La Luna llena me miraba y sonreía y mi canoa se mecía invitadora amarrada en la orilla... Así que cambié mis planes y preferí pasar la noche navegando a la deriva acompañado del murmullo de las olas. No importa donde acabe, cualquier lugar de este océano es mi hogar.

Muchas veces necesito estos momentos, y no sé si los busco yo o vienen a mí, pero la verdad es que la luna no suele sonreírme de esa manera...

Y aquí estoy tumbado en mi canoa observando el cielo, hilvanando pensamientos que quizá luego no tenga tiempo para plasmar pero que seguro germinarán. Y puede que algún día sean ellos solos los que se salgan del tiesto buscando algún buen sitio donde plantarse. La vida siempre se abre paso. Esta noche la podría haber cambiado por otra muy diferente en el castillo, pero quizá no hubiese escuchado el murmullo de las olas, en cuya voz se mezclan el canto de las sirenas, el parloteo de los delfines, la furia de los elfos dragonesti y como no la sabiduría de los cosmeacuícolas....

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