Mi armadura pesa, no lo puedo evitar...sé que en mi isla, en mis aguas, en mi canoa no la necesito, incluso fuera de estos dominios tampoco debería llevarla...pero quitársela duele tanto..
Está oxidada, antigua estirpe de una orden ya olvidada que solo me trae problemas por llevarla...pero aunque me la quite veo que sigue ahí, con sus ornamentos desgastados, siempre visible ante mis ojos protegiéndome de la nada. Pasados valores perdidos, viejas cicatrices ocultas, leyendas del pasado...remotas luchas que hielan de terror...
A veces aquí consigo la ansiada paz, cuando paseo por la orilla y en especial a la deriva en mi canoa...antes de salir me quito la armadura, la real y la invisible, las dos están tan anticuadas, me olvido de todo y disfruto y respiro y vivo y río con las historias de los cosmeacuicolas, las historias que me cuento a mí mismo...
Pero hay momentos en que miro mi pecho y aunque no esté la veo allí..no lo puedo evitar, la llevé tanto tiempo que muchas veces forma parte de mí...
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| Imagen obtenida de Internet |

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