No se trata de una trampa pequeña, no. Resulta que cuando yo era pequeño ansiaba que llegara el momento cada noche de acostarme, para poder así viajar a esos mundos mágicos a los que me transportaba desde mi cama.
Lo curioso es que lo hacía literalmente...Tapado hasta el cuello me daban las buenas noches y tras apagar la luz cerraban la puerta de mi cuarto sabiéndome seguro y a salvo allí. Pero yo sonreía feliz, porque mil aventuras me esperaban antes de dormir. Sin sacar las mantas bien recogidas en los laterales de la cama, me deslizaba hacia arriba en la almohada quedándome en cuclillas sobre ella, y ni corto ni perezoso me surgía de cabeza bajo las sabanas avanzando cual marine cuerpo a tierra hasta los pies donde cada noche aparecía la trampilla de madera (cómo no..). La levantaba con mis temblorosas y excitadas manos y con una sonrisa traviesa me deslizaba por el túnel que se abría tras ella, el cual con unas escaleras que bajaban pero que al mismo tiempo subían me llevaban a mundos mágicos. Mundos de piratas, de hadas, de dragones, de tesoros, de monstruos infernales, de princesas...cada noche una aventura de ensueño. Y cuando volvía, cerraba la trampilla y caía agotado en los brazos de Morfeo..con una sonrisa en los labios.
Hoy me pregunto que habrá sido de esa trampilla...seguirá ahí? Aunque también me pregunto...¿Cómo he llegado hasta estás aguas, a estas islas mágicas, llenas de cosmeacuicolas, de sirenas, de islas, de unicornios, de gatas sin color y de perras pelirrojas... y yo un caballero de no sé que olvidada orden, con mi canoa y una puerta de madera...es una puerta? o es una trampilla?
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| Imagen obtenida de Internet |

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