Siempre recordaré ese lugar, aunque no está en ningún sitio físico, ni en mis aguas, ni en los callejones, ni en los tejados...pero está ahí en nuestras mentes. Hoy inconscientemente he llegado de nuevo a él, gracias a que esta vez sé ya como salir y volver a entrar.
Al principio no la ves, solo hay una vasta extensión de un desierto sin arena con un techo de roca abovedado...y sabes que en algún lugar suelo y techo se han de encontrar, pero donde? Presos de nuestros propios fantasmas, verdugos víctimas de su propia confusión, los insatisfechos, los temerosos...
Es tan difícil que al final es muy sencillo...Todos tenemos esa puerta, cada uno la nuestra, y la ponemos donde queremos. Sencillo, solo que hay que hacerlo. La mía es de madera, aunque no es cuadrada. Por arriba es redondeada para no desentonar con la bóveda, ni muy grande ni muy pequeña, vamos bastante sencilla. Pero eso sí de madera, como mi canoa y mi cabaña :-)
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| Imagen de Gretna Vásquez |

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