Hoy me he despertado a medianoche en mi cabaña y sentí un gran vacío en mi lecho, que al girarme para llenarlo, se introdujo en mí... Abrí los ojos y miré alrededor como si fuera la primera vez que viese lo que mi modesta vivienda contenía. La chimenea natural en el hueco del árbol aun ardía, pero todo seguía igual...
No. Era el silencio, ni siquiera oía el crepitar de las llamas. Un silencio opresor que parecía decirme, sal de aquí...ven a mí...
Sin saber por qué salí de la cabaña medio desnudo y mis pies descalzos me llevaron a la playa. Allí el viento se arremolinaba y me azotaba con los minúsculos granos de arena, pero tampoco lo oía. Miré en todas direcciones, pero la oscuridad lo envolvía todo, ni siquiera la luz de la luna conseguía abrirse paso a través del espeso manto de nubes. Caminé sin rumbo por la arena, no sabía si iba o venía, pero el aire mismo parecía empujarme hacia algún lugar.
De repente todo se calmó. “El silencio antes de la tormenta” pensé. En ese mismo momento una mujer apareció ante mis ojos. Su mirada triste se prendió de la mía. Las lágrimas recorrían sus blancas mejillas.
Hablé, pregunté por su aflicción, pero no me oí...ni siquiera escuché mi voz interior, solo el silencio sin fin. Ella se volvió y dirigió sus pasos iluminados tímidamente por un hilo de luz que la luna esforzándose había conseguido colar por un pequeño hueco. Parecía guiarla...parecía seguirla.
El viento volvió, las olas se encabritaban, pero seguía el silencio. Y yo temeroso de no poder emitir sonidos tampoco pude moverme. Sé que ella lo sabía...solo había sido llamado para ser mudo testigo de su cabello al viento, de las lágrimas en sus mejillas...de su esbelto cuerpo envuelto por la espuma para desvanecerse...
![]() |
| Imagen de Gretna Vázquez |

0 Comentarios