En plano secuencia, en el cual se incluyen los créditos, llega al portal trajeado y con maletín el protagonista masculino. Tiene síntomas claros de embriaguez. La cámara le sigue desde el portal al ascensor, del ascensor a la puerta de su casa y de allí al dormitorio.
El reloj de la habitación marca las tantas de la madrugada. Por la puerta y a medio oscuras entra el protagonista masculino. Su mujer está en la cama despierta. Él entra haciendo ruido y tambaleándose.
—¿Dónde te has metido? —dice ella entre enfadada y resignada.
—La reunión de la oficina se ha alargado un poquito —dice él gangoso.
—Hueles a perfume barato y a alcohol —le suelta ella mientras él se mete en la cama, desde que entró en la habitación no se ha movido y le da la espalda en la cama.
—Que va mujer... Si he estado en la oficina todo el tiempo... —y empieza a roncar.
—Ya. Te vas a enterar tú.
Suena el despertador por la mañana.
—Ohh, mi cabeza... —murmura él entre dientes con gesto dolorido mientras apaga el despertador. Ella no se ha movido, parece estar dormida. Él se incorpora un poco y se gira para comprobarlo, está tumbada boca abajo y un brazo le cuelga fuera de la cama hasta el suelo.
—Eso, duerme, que no tengo ganas de dar explicaciones... —susurra para sí mismo; se levanta sigilosamente y se viste. A medio vestir coge el resto de sus cosas y sale de la habitación arrimando la puerta.
—Cabrón —dice ella. Y en la mano del brazo que colgaba fuera de la cama tiene una caja de cerillas medio abierta con una foto carnet de él en su interior, la cierra, se levanta y en la mesilla la coloca sobre un cenicero donde están todas las cerillas y le prende a todo fuego.
Él se termina de vestir y sale de la casa. Recoge el periódico del suelo de la puerta. Está en el séptimo piso, enciende la luz del descansillo y llama al ascensor. Mira el reloj inquieto, el ascensor tarda en subir.
—Vamos que llego tarde...
Por fin aparece el ascensor y se mete en él. Aprieta el botón del bajo y mientras desciende ojea el periódico. Al llegar abajo el ascensor se detiene, él abre la puerta sale y sorprendido se da cuenta de que esa no es la planta baja, que no es el portal. Se gira extrañado y mira el cartelito indicador del piso: El séptimo.
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| Imagen obtenida de Internet |
Pone gesto como diciendo “Pero si yo he apretado el botón” Vuelve a repetir la operación pero esta vez se fija en lo que hace y ve cómo pasan las distintas puertas (y sus numeritos) de los pisos, llega a la planta baja, abre la puerta y ante su estupor se encuentra en ¡El séptimo piso!
—Pero bueno, qué pasa aquí.
Se vuelve a meter en el ascensor (ya está nerviosillo) y en vez de apretar el botón del bajo aprieta el de otro piso. Ocurre lo mismo. El tío ya está asustado.
—¡Esto no puede estar pasando, tiene que ser un sueño...! Entonces se le ocurre bajar por la escalera, 6,5,4,3,2,1...,7
—¡Qué está pasando! —grita histérico perdido. Vuelve a intentarlo por las escaleras y lo mismo (esta vez baja corriendo) Ya sudoroso, jadeando y casi desquiciado llama a la puerta de su casa.
El sonido del timbre se mezcla con el sonido del despertador. Está en la cama, se despierta sobresaltado. Ha sido una pesadilla. Pone cara de alivio, como diciendo “Menos mal que ya ha pasado...”
Su mujer está dormida boca abajo, él se levanta sigilosamente, se viste y sale de la habitación.
—Cabrón —dice ella abriendo los ojos cuando él se va, y tiene en el brazo que cuelga fuera de la cama una caja de cerillas con una foto en su interior.
Fundido a negro y se oye una cerilla encenderse.

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