Cuando era un niño por allí nunca había nadie y aun así yo me pasaba las horas muertas sentado mirando aquel árbol y a las ruidosas urracas en sus retorcidos ramajes. Entonces llegaba el anochecer, se ocultaba el sol y la negra noche, aunque hubiese luna llena, ocultaba a mis curiosos ojos el descampado, el árbol y todo lo que pudiera ocurrir allí. Y así me quedaba dormido sentado, esperando siempre en la misma posición que la luz del sol me revelara lo que mis ojos no pudieron ver durante la noche.
Yo siempre estaba allí sin moverme, mirando por mi ventana. No me comprometía por nada, no vivía ni moriría por nadie, me sentía tan vacío que ni siquiera respiraba aire. Miraba y miraba por mi ventana, y perdía un segundo, no me importaba; pensativo se me pasaba un minuto, luego una hora, finalmente un día y así permanecí sentado toda mi vida.
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| Imagen de Eduardo Fanegas |
Ahora ya no existe el descampado, hay cientos de edificios, miles de personas que pasean, que se dirigen a sus trabajos o a sus hogares. Durante el día es entretenido pero lo mejor de todo es que hay farolas que iluminan la noche y me dejan ver las calles vacías y vuelven los recuerdos del descampado. Soy anciano y estoy sentado junto a mi ventana, observo cada detalle, todos los movimientos, los gestos de las personas y sé que piensan; y yo les digo: Si no tenéis algo por lo que llorar no lloréis.
El sol del atardecer se oculta lentamente tras un horizonte cada vez más rojizo y yo permanezco sentado en la misma posición cuando ya es profunda la noche. Mis pensamientos se entrelazan y el tiempo pasa sin que parezca que me vaya a mover nunca. Veo caminar a la gente y ahora me parece que van sin rumbo fijo pero no me importa porque yo sigo sentado de madrugada y no puedo moverme... y creo que no voy a morir nunca.
¡Oh Dios, no sabes cuánto lo deseo! Tengo tanto frío aquí sentado, me duelen tanto las heridas, veo tanta sangre...y creo que no voy a morir nunca.
El sol del atardecer se oculta lentamente tras un horizonte cada vez más rojizo y yo permanezco sentado en la misma posición cuando ya es profunda la noche. Mis pensamientos se entrelazan y el tiempo pasa sin que parezca que me vaya a mover nunca. Veo caminar a la gente y ahora me parece que van sin rumbo fijo pero no me importa porque yo sigo sentado de madrugada y no puedo moverme... y creo que no voy a morir nunca.
¡Oh Dios, no sabes cuánto lo deseo! Tengo tanto frío aquí sentado, me duelen tanto las heridas, veo tanta sangre...y creo que no voy a morir nunca.

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