Intenciones declaradas


  Es duro vivir en la sombra. Pero no hace falta poner la mano en el fuego para saber que quema.

Se me empiezan a marcar unas sombras grises bajo los ojos, mi piel es cada vez mas blanquecina, mis rasgos parecen ya cincelados en piedra...Hace tiempo que dejé de comer, de respirar...pero mi corazón cada vez late con más fuerza.

Duele observar desde la oscuridad su rizado cabello bajo la luz...el brillo de su risa, la inocencia de su mirada, la dorada melanina en su piel...No hace falta salir a la luz para saber lo que ya sé.
Jamás pensé que fuese tan difícil y tan poco divertido ser un vampiro...

Qué puedo decir que no sea más que evidente sobre ella. ¿Cuanto deseo cubrir sus apetitosos y carnosos labios con los míos? ¿El dolor que me produce no poder probar su ardiente sangre? ¿El estar pendiente de que su ojos me descubran entre las sombras?... Sí, estoy aquí, y sé que no me ve desde allá fuera...donde brilla siempre el sol.


Es curioso soy yo el vampiro y me consumo por ella.


He querido rescatar este pequeño relato que escribí hace años por varios motivos. Algunos solo me incumben a mi y puede que los otros os importen también un bledo. Pero creo que es justo rescatarlo. Porque por un lado lo escribí desde lo más profundo de mi alma y por el otro esa inspiración sirvió para que mi querida amiga y escritora Virginia Pino lo quisiera como introducción para su preciosa novela Un Mar de Cristal.

Es justo decir que fue ella quien me puso en el camino cuando la conocí. Hay que luchar por los sueños y ella me enseñó a hacerlo. Curiosamente ahora los dos tenemos hijos, que son el motor y el centro de nuestra vida. A los dos nos faltan horas en nuestros días. Hace mucho tiempo que no nos vemos. Demasiado. Y eso hay que remediarlo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario