1+1=3


Hay matemáticas que no son exactas. En las que la suma de uno y uno son tres. Es el poder de la naturaleza desplegando toda su magia. Son las matemáticas del origen del universo, del amor que se vuelve incondicional.

Es esa nueva disciplina que hizo que el día 24 de marzo a las 9:06 am la suma de uno y uno diera como resultado tres. Llegó al mundo Samuel. No. No hay palabras para describirlo. Porque momentos tan bellos, intensos y especiales hay que vivirlos en primera persona. 
Esto me ha hecho recordar una pregunta que nos hizo un profesor el primer día de clase en la facultad de ciencias. El que supiera dar una definición de la vida, de lo que nos convierte en seres vivos correctamente, tendría un aprobado automático y se licenciaría ese mismo día. Todos lo intentamos y ninguno supimos dar una definición del todo válida. Siempre faltaba algún matiz. Hoy tampoco sabría responder pero señalaría ese momento en el paritorio y le diría a mi profesor. Esto es la magia de la vida.

Ni siquiera me atrevía estos días a escribir una entrada sobre el momento en el que uno se convierte en padre, sobre el momento en el que esa pequeña personita se convierte en el centro de todo y el motor que mueve tu mundo. Pero alguien, antes de que llegara el mágico momento, me dijo que si escribiría algo en el blog sobre ello. Muy valiente dije ¡Claro! Así que no sé si esta es la típica entrada que escribiría cualquier otro orgulloso padre primerizo, pero sí es la que me sale del alma mientras robo unos minutos a las tantas horas que me faltan de sueño mientras oigo hacer ruiditos a mi hijo en su cuco.

Hay matemáticas que lo cambian todo. Y por aquí las cosas también van a cambiar. Samuel no trae un pan debajo del brazo, pero trae cosas mucho más interesante y sorprendentes...


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