La doncella del balcón, una historia real


  Como muchos sabréis vivo en Torrejón de Ardoz desde hace un par de años. Y desde el primer día mañana sí y otra también recorro en transporte público la Avenida de la Constitución desde mi casa camino del trabajo y otra vez vuelta. 

foto real tomada de google maps
A través de la ventanilla del autobús 224 he podido ver a mis nuevos vecinos torrejoneros por la aceras caminando, algunos con prisa y otros de paseo mirando escaparates. Uno de ellos es el de la tienda de novias "Atelier del Molino" ubicada en el número 31. Es un local pequeño en un apretado edificio que parece querer respirar estirándose en las dos plantas de arriba. Y no es que sea una tienda ni muy grande ni muy vistosa pero sí que tiene algo muy llamativo.

A su balcón se asoma, mientras luce el sol, un maniquí con un traje blanco y vaporoso como los vestidos de cuentos de princesa. Tiene algunos detalles de color carmesí en el bordado pero desde mi posición y el avance rápido del autobús no puedo dar más detalles de lo que es.

Allí asomada, como si esperase a su caballero andante ha pasado estos dos últimos años con el mismo vestido. ¿Por qué no se lo han cambiado nunca? Si se trata de dar publicidad a la tienda, promocionar alguna colección nueva o algo así deberían cambiárselo de vez en cuando...Aunque ahora que me doy cuenta el vestido parece muy antiguo. Uno de esos que se llevaban hace siglos.

Un día mi curiosidad innata me llevó a entrar a la tienda a preguntar por el maniquí. La responsable que salió atenderme me miró con cara extraña

 -¿Qué maniquí?
 -El que sacan al balcón todos los días. Uno que lleva un vestido blanco antiguo con pedrería carmesí y en la cabeza una corona de flores -Se debió pensar que la tomaba el pelo por la cara que puso. -Está ahí fuera ahora mismo -señalé al exterior.
 -Aquí no tenemos ningún maniquí así, los nuestros son solo de cuerpo. Y menos aún íbamos a sacar ningún vestido al balcón para que se estropeara a la intemperie.
-Pero entonces... -volví a salir al exterior seguido por la cada vez más enfadada mujer. Miré hacia arriba y ya no estaba allí. En su lugar en el balcón había dos grandes macetas con flores.
-Perdone, me he debido de confundir de tienda -dije aun a sabiendas que que no era así. La encargada me miró con gesto adusto y regresó al interior de la tienda sin decir nada.

He preguntado a amigos y vecinos si han visto alguna vez aquél maniquí. He caminado por la calle con mis ojos puestos en el balcón y en cuanto he señalado a la inmóvil dama para que alguien la observara como podía hacerlo yo nadie sabe de lo que le hablaba...

Pero yo sigo viendo a la doncella del balcón con su vestido blanco cada día una y otra vez...

¿La has visto tú también o me estoy volviendo loco?

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