Letras de sangre


 Vincent era crítico literario de un pequeño periódico en un aún más pequeño y olvidado pueblo de Nebraska. Siempre había querido ser escritor pero desde siempre supo que no tenía talento para ello, aunque sí lo tenía para desmembrar y ridiculizar hasta la obra más aclamada.

 Todas sus frustraciones parecían haberse aplacado desde que vivía en aquel lugar y se había casado con Jenny, la bibliotecaria. Era feliz. Tenía todo el tiempo del mundo para leer y leer y para amar y amar.

 Tuvo un hijo, al que llamó Edgar. Volcó en él todos los sueños y deseos que no pudo cumplir para sí mismo. Quería convertir a su hijo en el mejor escritor del mundo. La letra con sangre entra... se decía. Y así lo aplicó. ¿Qué mejor forma de disciplinar en el mundo de las palabras?

 Con los años comprobó que su hijo tenía talento, que las heridas que produjeron las palabras recibidas habían germinado en su interior...pero aún no llegaba a ser perfecto. Entonces pensó que hacer salir la letra de la misma manera...

 Fue entonces cuando se le ocurrió que su hijo escribiera con su propia sangre, la que había sido alimentada a base de golpes. Así cada mañana cortaba su joven muñeca para llenar el tintero...era la única forma de asegurarse de que cada palabra que escribiera iba a ser meditada y una vez escrita la más acertada...

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