La antesala del mundo


 Todo se remonta al día en el que nací. Un día como hoy hace treint...muchos años. Las cosas eran muy distintas por aquel entonces, yo era más pequeño, y aún no sabía mi hablar, ni caminar, ni alimentarme solo....bueno quizá no hayan cambiado tanto las cosas pero ese día de Enero yo era un bebé recién llegado a este mundo.

 El caso es que como muchos sabéis yo nací en un ascensor. Lo que llamo yo la antesala del mundo, porque mira tú que ya venía de un sitio pequeño y apretado como era el útero de mi madre, pero es que en el ascensor ya estaban ella, mi padre y un celador (que el pobre al verme llegar se desmayó) y claro con mi llegada ya éramos cuatro y la convivencia se complicaba. Pero menos mal que se abrieron las puertas del ascensor y me dije "uff, menos mal que el mundo es más grande...".

Yo supuse que todo el mundo venía en ascensor al nacer y te bajabas en la planta que te correspondía pero resulta que a los demás niños les traía la cigüeña. Eso sí que es llegar a lo grande, volando, viendo paisajes y encima desde París...

Eso me hizo pensar que algo raro había en mi llegada. No recuerdo que en tan poco tiempo pudiese haber sido un niño malo pero bueno estaba claro que venía de allí abajo...del infierno. ¿Si no, desde dónde narices iba a subir el puñetero ascensor? Así que estaba claro que yo debía ser la reencarnación de alguien con muy malas pulgas. Pero...¿Quién?

 Dejé pasar los años para ver si me daba por exterminar judíos, destripar prostitutas en las calles de Londres....pero no. Nada. Que viendo mi trayectoria en la vida yo diría que me he comportado como cualquier otro chico de mi edad y he hecho las mismas trastadas y las mismas buenas obras. 

 Así que me di por vencido. Está visto que pasar por la antesala del mundo no debía ser nada más que una anécdota que podríamos contar, en la que mi madre llegaba con el tiempo justo al hospital, subía al ascensor en la planta baja camino de la tercera de maternidad y yo nacía entre la primera y la segunda con mis prisas por llegar a ver que se cocía por aquí.

 Gracias papá y mamá por estar allí aquel día, porque con el celador mal me hubiese ido ;-)



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