microrrelato

  
Y hablando de microrrelatos voyComo propuse en el blog de Vir A partir de los 30 me toca cumplir mi parte y utilizar las palabras escogidas (en negrita) para mi propio relato. A ver si el resto cumple con el trato, porque mucho proponer palabras y solo he visto a Vir cumplir! Animo!


  ....

Eva siempre había sido una persona enfermiza y quizá algo rara, por eso no era difícil que le diagnosticaran una enfermedad con un nombre impronunciable… neumonoultramicroscopicosicilivolcaniconiosis.
Era lógico pensar  que con un nombre así supieses de antemano que era incurable y mortal, que no la curaría ni el mismísimo Ofiuco, que hicieran lo que hicieran no había nada que hacer. Sólo marcar cómo pasaban los días en el calendario hasta que el aire abandonara para siempre sus pulmones.

 Llevaba ingresada en el hospital desde el mes de mayo, habían pasado ya cuatro meses y lo único que recibía ya eran cuidados paliativos. Muchas veces se paraba a pensar que estar allí, que ver como se iba marchitando era lo peor que le podía pasar. Todo el mundo sufría aquella larga agonía, incluso más que ella misma. ¿Para qué alargarlo?

 En todo ese tiempo había pensado hasta en conseguir un arma, apretar el gatillo y meterse una bala en la cabeza. Pero con su suerte seguro que lo único que podía conseguir allí era una pistola de agua y aun así fallaría el tiro. De todas formas alguien se la tendría que proporcionar…y las enfermeras y los celadores de allí parecían sacados de una película, las chicas iban como un pincel y siempre con una sonrisa en la cara  y los chicos con aspecto de bohemios que aparte de con los labios te sonreían con la mirada.

 Una de las enfermeras, la más mayor de todas le hacía pasar buenos ratos cuando aparecía por la puerta. Eva llegó  a pensar que debía tener algo de locura transitoria, con aquella magnífica verborrea que parecía digna de una auténtica diarrea mental. Pero lo mejor era los días que tenía fase de alcahueta y se empeñaba en darle un condón por si en algún momento había suerte con aquellos  simpáticos celadores y había que compartir algo más que palabras a la luz de una vela.
Incluso una noche le trajo junto a la insípida tortilla de la cena de los jueves un montón de clóchinas. Ya sabes, le decia, se dice que son afrodisíacas… se reía con todas las ganas.

Pero la realidad no era así, ella se moría y no tenía tiempo ni ganas para nada. Y aquello dolía cada vez más. La tenían sujeta a la cama con una especia de arnés que se sujetaba con varías hembrillas. Los espasmos cada vez eran más fuertes y temían que se hiciera daño.  ¿Más aún? Pensaba Eva.

Y allí estaba ahora sola en silencio, con la ventana abierta y el ventilador encendido. Era un verano de lo más caluroso. Una libélula se había posado en el marco de la ventana y parecía que iba a acompañarla hasta que llegara el crepúsculo...

Si tan solo pudiera alcanzar aquellas tijeras encima de la mesa…qué rápido acabaría con todo…

No hay comentarios:

Publicar un comentario