Cosas de brujas (II)

 En la puerta había una bruja de seguridad bastante mayor que la detuvo al instante.
- ¿Dónde te crees que vas? -le dijo con los ojos como platos.
- ! Buenos días! -dijo ella sonriente- Vengo a la convención, es mi primera vez, por fin cumplí la mayoría de edad -explicó emocionada.
- Pues será la primera y la última. No puedes pasar - sentenció.

La brujita se quedó con la boca abierta como si aquello que oía no fuese real- Pero por..por..por qué?
- Porque te has equivocado de sitio, la convención de los payasos es en el circo jajajajaja -rió maliciosamente su propia gracia.

- Ah! Es por esto! -dijo la brujita señalando sonriente su nariz. Y allí en lugar de la fea nariz de bruja había una graciosa y redonda nariz de payaso de color rojo. Y no era que se hubiese puesto una de broma. No. Era su nariz real.Las brujas a pesar de sus poderes, solamente tenían una cosa que no podían hacer, y era modificar su nariz ni con hechizos ni con cirugía. La que no llevara una nariz de bruja no era bruja.

- ¿No habías visto nunca una nariz así? -preguntó inocentemente.

- No en una de las nuestras, así que ya te estás largando por donde has venido -se enfadó la portera ante la despreocupación de la recién llegada.
- Pero...yo nací así, soy bruja, de verdad.-aseguró.
- Si lo fueras no tendrías esa nariz -y sin darle tiempo a replicar sacó su varita de debajo de la manga.
Lo último que vio la joven brujita fue un fogonazo de luz blanca, y mientras tosía por el humo blanco y lo intentaba disipar con un movimiento rápido de su mano oyó la voz que toda bruja conocía y temía.



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