Batalla a medianoche

Al alcanzar mi posición el minotauro detuvo su frenética carrera y se acercó a mí mas lentamente como si estuviese estudiándome, midiéndome sin separar un solo instante sus bivinos ojos negros de los mios. Se acercó tanto que pude notar su fuerte olor animal invadir mis pulmones, tanto que la humedad de su hocico empezó a empapar mi rostro.

-Tú...- dijo con una grave profunda voz. Yo estaba como ausente, como si todo aquello no fuese conmigo. Aún no había asimilado mi captura y lo que había ocurrido hasta ahora que aquello me parecía parte de un agitado sueño, pero no...sabía que era de lo más real.
A pesar de estar colgado por los brazos en una viga la envergadura del minotauro era tal que aún su cabeza quedaba más alta que la mía, podía notar la furia de sus ojos clavada en mí.

-Tú.- Repitió con más fuerza mientras levantaba sus enormes y musculosos brazos para sujetar los mios por las muñecas. -Maldito..-.
Ese ser lo sabía...Sabía lo del agujero en mi pecho. No sé como pero lo sabía. Estaba seguro de que me
iba a desmenbrar allí mismo con sus propias manos. De repente se oyó un fuerte estruendo y algo sacudió con violencia la embarcación. En mi ensimismamiento no me había percatado de lo que ocurría a nuestro alrededor hasta el impacto de aquella bala de cañón.
La rebelión del minotauro parecía haber coincidido con el ataque de un barco enemigo y al mismo tiempo que se iniciaba la lucha en la bodega se libraba otra en la superficie.

-¡Larguen las velas! ¡Todo a estribor!- gritaba el capitán con todas sus fuerzas para hacerse oir sobre el ruido de los cañones del barco enemigo. Viraba el barco a gran velocidad y lo enfilaba de frente, cara a cara con el adversario. Conocia el riesgo de aquella maniobra pero con barcos como aquel siempre salió victorioso. -Nos superan en gran número sus cañones, pero somos más rápidos, mucho más rápidos...- dijo a su primer oficial que se encontraba a su lado en la proa del barco, aunque el comentario era más para sí mismo que para él. Aquella nave era enorme, más grande que ninguna a las que se había enfrentado pero eso era también era una ventaja, cuanto más grande menor maniobrabilidad.
La cubierta de ambos barcos eran un enjambre de marineros y soldados corriendo de un lado a otro preparándose para el abordaje. En el Bloody Sessik hombres, en el barco enemigo negras armaduras
y...minotauros.

Caía la noche y la luna llena iluminaba la escena de la batalla dándole un tono azul plateado a todo
solo interrumpido por los brillantes fogonazos de los cañones. La otra embarcación pareció preveer
la maniobra del recto y disciplinado capitán Oriam y comenzó a virar también para poner de nuevo a Bloody Sessik a tiro. Las balas caían alrededor de la nave cada vez más cerca levantando las revueltas aguas y salpicando la cubierta, pero al rectificar el rumbo el enemigo fue alcanzada de nuevo. El cañonazo atravesó el casco provocando grandes daños y haciendo entrar el agua a borbotones. Aun así el abordaje era inminente.

-Señor...- dijo el primer oficial. -Lo sé- le interrumpió Oriam -Nos haremos con su barco antes de
hundirnos-.
En la bodega los prisioneros luchaban con los guardas, por su libertad y por no morir ahogados allí
abajo. Todos se habían olvidado del minotauro y de mí. El agua comenzaba a cubrir el suelo y
empezaba a subir de nivel a gran velocidad.
-¿Qué quieres de mí?- le dije a la bestia que seguía sujetándome por las muñecas y me miraba fijamente. Como respuesta resopló y de un fuerte tirón de las cadenas sujetas a mis manos las arrancó del madero del techo liberándome. Acto seguido hizo lo mismo con las que sujetaban mis tobillos. Me soltó en el suelo donde el agua ya me cubría por la cintura y a él por las rodillas.

-Tú...- repitió una vez más -...te vienes conmigo.- y agarrándome del brazo me arrastró hasta la salida de la bodega donde ya los demás presos habían conseguido cruzar la puerta.


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