Neissel

En ningún momento me había preocupado por la historia de aquel lugar. Solo pensé en encontrar un lugar como aquel pueblecito, apartado y tranquilo y lo suficientemente poco conocido para que no estuviese invadido por hordas de turistas. El lugar perfecto para perderme y encontrarme...Pero no me había fijado en aquel castillo medio derruido que se integraba casi sin llamar la atención entre las cuidadas casas y la naturaleza que las rodeaba. Así era Neissel, tranquila y acogedora, silenciosa y con una historia escondida en sus entrañas...
Precisamente fue aquella mañana cuando el anciano abrió un poco más mis ojos al lugar en el que me encontraba, nombró a aquel caballero de la canoa como si fuese un puntal de la historia de la humanidad, una historia que yo no conocía...Aunque la versión del tío Jumptrap, que así se llamaba el anciano, tendría que esperar...porque no tardó en aparecer bajando las escaleras su sobrina la señora Veitz y regañarle por comenzar el día con aquellas copitas que sabía que no debía tomar.
Así me encontré después de un magnífico desayuno paseando por las calles aún mojadas por las intensas lluvias del día anterior y que el aún débil sol de la temporada no conseguía secar. Envuelto en el frescor matutino con ese aire puro que me llenaba de energía.
Mis pasos me llevaron a lo largo de la vieja muralla calle arriba perdido en mis pensamientos, y solo acompañado por el canto de los pájaros y alguno que otra risa infantil que se oía en la lejanía.
Del asfalto pasé a las calles empedradas del centro del pueblo, donde se veía más actividad social. Mi
divagaciones solamente eran interrumpidas por los saludos y las sonrisas de los agradable habitantes de Neissel. Allí todos parecían conocerse, se saludaban y se detenían a charlar, incluso a mí me saludaban con curiosidad pero con una sincera sonrisa en los labios.
Nada parecido a mi ciudad de procedencia donde las prisas, las caras serias, incluso de mal humor hacian que las apiñadas personas de una población de mas de 1 millón de habitantes estuviese más distanciadas y solas que en ningún otro lugar.
Al llegar a la plaza principal (todas las calles parecían converger allí) me encontré con un frondoso y colorido parque presisido por una sencilla iglesia de estilo gótico, a la derecha se encontraba el ayuntamiento con todos los estandartes de la localidad, tres árboles y un lobo en unos, un ciervo atravesado por una gran flecha en otros, y el más curioso, el de la canoa...pero este no se encontraba en el ayuntamiento, si no en el edificio de que había a la izquierda una antigua taberna y la biblioteca que parecía ser una más una especie edificio público en el que se desarrollaban otras actividades de la localidad.
Mis ojos se volvieron hacia lo escudos, en especial al de la canoa...¿Por qué no aparecia representado el caballero? ¿Qué historia sería aquella que no pudo contarma el Tío Jumptrap? Quizá solo una divagación del anciano...pero en algo real se tenía que basar. Me dirigí hacia la biblioteca, qué mejor sitio para empezar.
Para mi sorpresa y desmontar una vez más mi cuadriculada mente nada más entrar no me encontré con la típica biblioteca sino con un gran salón donde había varios sillones, de una y varias plazas, alrededor de unas antiguas pero cuidadas mesitas de café. A la izquierda, en frente de la chimenea comenzaba una gran hilera de estantes que llegaban del techo al suelo iluminados con con unas pequeñas luces que le daba un aire misterioso y al mismo tiempo acogedor.
Eran el fuego de la leña y una enorme lámpara de araña los que iluminaban sobrada y cálidamente el salón. Estuve largo rato paseando arriba y abajo por el salón mirando con interés los libros que llenaban aquellos estantes, los había de todas las materias sobre todo de historia y de arte pero fuí incapaz de encontrar ninguna cubierta que hiciera referencia al lugar o al caballero.
En mi búsqueda me encontré que en las columnas que separaban los estantes tambíén habia cuadros representando lo que una vez debió ser el Neissel de antaño, y curiosamente trofeos de pesca. Me encontraba observando uno de los gigantescos peces disecados que había colgados en la pared cuando una dulce voz sonó a mi espalda.

-Debería quitar esos bichos para que la poca gente que viene por aquí se fije un poco más en los
libros...

Me giré y mis ojos se tropezaron con el ángel más bonito que habían visto en su miópica vida.
Nervioso me ajusté las gafas en un gesto mecánico y dije con la sangre agolpada en la cara

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